Mi muy estimados compañeros de la III promoción del Colegio Militar Elías Aguirre.
Perdonen por este largo relato; pero hace tiempo qué necesito sacarlo de mi pecho.
Con muchos de ustedes, no tuve la suerte de alternar, yo sólo estudié el último año en el Colegio Militar Elías Aguirre.
Cuando tenía 15 años era débil de los pulmones y mis padres decidieron alejarme de la excesiva humedad que existía en el Colegio Militar Leoncio Prado.
El hermano de mi Padre, mi tío Mauro Lopez, era Profesor en el Colegio Militar Elías Aguirre de Chiclayo, y esta ciudad no tiene la humedad que tiene el Callao, mis padres le preguntaron a mi tío Mauro, si habría la posibilidad de qué me trasladarán al Elías Aguirre. Y la respuesta fue, SI.
En el Leoncio Prado había visto y sentido en sangre propia, como el Cadete Técnico, tomaba ventaja del Cadete Alumno.
Cuando era aspirante los Técnicos no nos permitían tomar ventaja de los Alumnos; pero ellos sí tomaban ventaja de los Aspirantes.
Me acuerdo que una vez mi madre me había enviado al Leoncio Prado, un domingo por la noche, con dos postres, una trozo de torta de lúcuma y una porción de tarta de manzana; al llegar al colegio, me dirigía a mis cuadras y dos cadetes de 5to años me pararon y me preguntaron, qué llevas en tu maletin. Traigo dos regalos que me ha dado a mi madre, les dije; abre tu maletin, me ordenaron; y se quedaron con el trozo de la torta de lúcuma y la porción de tarta de manzana.
Cuándo llegué al Elías Aguirre me dije a mí mismo; ahora me toca a mí tomar ventaja de los Aspirantes, de quedarme con los postres que traigan.
Pero nunca vi que un “Tecnico” tomara ventaja de un “Aspirante”, ví que el Tecnico le enseñaba al Aspirante, a convertirse en un “Caballero Cadete”. Tampoco ví discriminación racial ni discriminación económica.
Tenía amigos, compañeros de promoción, que sus padres habían sido agricultores, y también tenía amigos que pertenecían a la élite de Chiclayo.
Considero qué el año qué viví en el Elías Aguirre, aprendí los valores más importantes que un ser humano debe aprender, NO a la discriminación, NO a tomar ventaja de otras personas.
Por todo lo que aprendí en Chiclayo, suelo decir; nací en Lima, pero mi corazón es Chiclayano.
Qué tal diferencia a la forma de pensar del Leoncio Prado. En Chiclayo no existía el aprovecharse del otro, existía LA AMISTAD.
Ese año que viví en el Colegio Militar Elías Aguirre, mi vida tomó un giro emocional importante, me dio un nuevo entusiasmo, me inscribí en la banda del colegio, donde tocaba la Tarola al lado del Chato Vela, éramos dos chatos en la banda.
Nuestro amigo Luis Aguinaga me envió unas fotografías cuándo tocaba en la banda del colegio, son fotografías que atesoro. Están puestas en las paredes del pasillo de mi casa, al lado de las 52 fotografías de la familia, que puso mi madre. Tenía 34 tíos de sangre y tengo 68 primos hermanos.
Me registré en las Olimpiadas entre Colegios Militares, jugando Ping Pong y obtuve una medalla de oro, al lado de otros grandes amigos deportistas. El 1966 terminamos campeones en las olimpiadas.
Cuando tenía 11 años, mis padres pusieron una mesa de ping pong en la terraza del segundo piso de la casa en Pueblo libre, ahí nos reuníamos un grupo de amigos del Barrio, jugábamos ping pong desde las 2. 00 P.M. hasta la hora de cenar; y varios amigos se invitaban solos a quedarse a cenar; mi madre, como la gran anfitriona que fué, les decía, por supuesto, quedense a cenar muchachos.
Mi amigo Eduardo Barton me decía, en tu casa, me siento mejor que en mi propia casa; otros me decían, qué tal anfitriona es tu mami, y uno me dijo, jamás vi a tu padre sin una sonrisa en los labios y sin hacer bromas.
Volviendo a mi año en el Elías Aguirre, fui un fanático del entusiasmo con que Coco Noblecilla jugaba el básquetbol.
No me perdí ninguna de las competencias donde El Colorado Figuerola lanzaba la bala, asistí a todos los partidos de tenis dónde, Jaime Mercado y Juanito Pardo (de la IV promoción) exhibían su estilo y energía.
Me acuerdo como Juanito tirada su raqueta de tenis, de pura frustración; cuando perdía un punto y un juego en un partido; mientras participaba en las Olimpiadas de Colegio Militares. Terminaron ganando una medalla de oro en esos juegos olímpicos, porque Jaime Mercado y Juan Pardo fueron los mejores.
Me acuerdo que Juanito Pardo, me invitó en repetidas ocasiones a La Hacienda Tumán, donde tuve el honor de conocer a su familia.
Extraño al Colorado Figuerola, éramos compañeros de cuadra, y me hizo prometerle que cada vez que yo viniera al Perú nos encontráramos. Y así Fué, tenía en mí agenda: Día uno, Cena con los viejos; Día dos, Almuerzo con el Colorado Figuerola.
La pasábamos tan bien, hablando de nuestros años en el colegio, y sobre las travesuras que nuestros amigos y nosotros cometíamos en el Colegio Militar. Cómo lo extraño al Colorado. A veces pienso que hay hombres que no deben morir, el Colorado es uno de ellos.
Si alguno de ustedes conoce el número celular de su viuda o alguno de sus hijos, déjenmelo saber por favor. Me gustaría mucho conversar con ella.
Cuándo le escribí al Papa Leon XIV, en el párrafo de despedida puse, Mi querido hermano Roberto, me despido con un afectuoso abrazo Chiclayano. No nací en Chiclayo pero siento que mi alma es Chiclayana, porque el año que viví en el Colegio Militar Elías Aguirre, fue el año que aprendí los valores más importantes que un ser humano debe aprender. NO a la discriminación. NO al maltrato de otros. SI a la amistad, SI a la solidaridad.
Me despido con un afectuoso. Abrazo Aguirreño.
Jesús Eduardo López Vitor
Ex-Cadete III promoción.
Colegio Militar Elías Aguirre
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